(Source: humorstop)

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Taxco, Guerrero, México 2013

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Taxco, Guerrero, 2013 

Cuento: Faros de Noche
Autor: Gabriel Espinoza
Ilustrador: Lucero Enriquez
Periódico: Noroeste
Suplemento Cultural: Astillero Cuento: Faros de Noche
Autor: Gabriel Espinoza
Ilustrador: Lucero Enriquez
Periódico: Noroeste
Suplemento Cultural: Astillero Cuento: Faros de Noche
Autor: Gabriel Espinoza
Ilustrador: Lucero Enriquez
Periódico: Noroeste
Suplemento Cultural: Astillero Cuento: Faros de Noche
Autor: Gabriel Espinoza
Ilustrador: Lucero Enriquez
Periódico: Noroeste
Suplemento Cultural: Astillero

Cuento: Faros de Noche

Autor: Gabriel Espinoza

Ilustrador: Lucero Enriquez

Periódico: Noroeste

Suplemento Cultural: Astillero

El carro se tambaleaba demasiado, era muy inestable, así como la visión borrosa del recuerdo. Solo por eso sé que era un sueño.

Jorge, el padre de mi mejor amigo, manejaba mi Cavalier del 94. Lo estacionó de una manera sorprendente frente a la casa de Viego. Creo que nunca lo había visto manejar, menos después de haber ingerido tanto alcohol en aquella conferencia. Yo iba en el asiento trasero, observándolo mientras me comentaba ciertas técnicas que él utilizaba para el análisis de un logo o diseño. Bajamos del  auto. No me había dado cuenta que vestía un traje oscuro con corbata, se veía muy elegante, veníamos del mismo lugar pero yo venía con ropa deportiva. Me despidió con un “te veo, Gabo” y caminó hacia la casa de Elina. Vi a Viego fuera de su casa, haciendo tarea, sentado en un pupitre y cuando me le acerqué me comentó que no podría salir, tenía que terminar la tarea y estaría muy ocupado. Le dije que le ayudaría a terminar la tarea porque me tenía que acompañar a un evento en el teatro de la ciudad. Jorge volvió a salir y escucho nuestra plática así que le comentó a Viego que en el evento estarían personas del mundo artístico, escritores, actores y músicos. Viego se convenció rápidamente y se metió a su casa para cambiarse, el evento no tardaba en empezar.

Yo, volví a mi auto, abrí la cajuela y saqué un traje oscuro con una corbata rosa, pero estaba arrugado… probablemente ya lo había usado en el día. Caminé dentro de la casa y vi que Andrés platicaba con una muchacha que se me hizo conocida. Les pasé por un lado y me encontré con el papá de Viego en la cocina. El señor estaba cocinando mientras veía la televisión y me preguntó cómo estaban las granjas acuícolas del norte del estado. Al parecer conocía muy bien del tema porque discutimos por varios minutos sobre la importancia de la inversión local y extranjera dependiendo de la especie en cuestión. Lo siguiente que recuerdo es ver a Viego llegar a la cocina ya cambiado pero teniendo problemas con su corbata. Le enseñé como ajustarla y le di unos consejos en cuanto el color “a veces los meseros usan los colores llamativos para distinguirse, como amarillo, rosa, blanco… el negro es universal, así que siempre sabrás que está bien llevar una corbata negra”  

*Nota: Probablemente yo fui mesero en el evento al que asistió Jorge, por eso íbamos juntos en el carro al llegar a casa de Viego.

Viego me preguntó por su hermana, tenía que arreglarse y tardaba mucho pero le decía que no la había visto y él me veía con cierta burla y pesadez. “Mamón, pasaste a un lado de ella”.

Le decía que no, que solamente vi a Andrés platicar con una chica, supongo que era su novia, en la entrada de la casa, pero que no había visto a su hermana. Viego me vio serio y levantó la voz “¡es mi hermana!”. Decidí no hacerle caso y salí a verla con mis propios ojos.

Era su hermana pero no la que yo conozco. Era muy diferente, se veía borrosa.

Viego me acompañó y vio a Andrés con ella, platicando. Se puso frente a Andrés y le dirigió un puño a la nariz. Salpicó un chorro de sangre que le manchó la camisa blanca a Viego. Se devolvió a la cocina y le dije que se cambiara de camisa. A nadie le pareció extraño. Volví a discutir con su papá y escuché como Pandora, mi mascota, ladraba. Salí de la cocina y pasé a un túnel oscuro. Hacía calor y en mis manos sentía una tela sobre mí. Era la sábana, me la quité, salí al patio con Pandora y maté un alacrán que estaba justo debajo de la escoba. Le di una palmada en la cabeza a mi perra y volví al cuarto pero ya no tenía sueño. Mejor lo escribo antes de que se me olvide.